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jueves, 18 de junio de 2015


DUALIDAD, las dos caras de la moneda
Tendemos a hacer afirmaciones como que la autonomía, la perseverancia, la humildad, la confianza, entre otros, son valores en alza que es necesario cultivar, transmitir y practicar en casa con nuestros hijos, en nuestros trabajos, con nuestras amistades, aunque yo me hago una pregunta: ¿Qué pasa con la otra cara de la moneda?

En el caso de la autonomía, insistimos en que nuestros hijos sean autónomos, que aprendan a gestionarse solos, que "tienen" que ser independientes. Valoramos a las personas que así se muestran, aunque a veces también está bien depender de alguien, ¿si no cómo pediremos ayuda? El secreto estaría en aprender a discriminar cuando sí y cuando no depender, cuando es sano para nosotros y cuando estaremos entrando en conductas como la sumisión, la falta de autoestima, la incapacidad en la toma de decisiones, etc.

Cuando hablamos de perseverancia, consideramos que es una cualidad que nos llevará a conseguir nuestros propósitos, que nos llevará al éxito, que nos ayudará a no desfallecer, aunque ¿qué pasa cuando perdemos?, porque a veces se pierde aunque hayamos perseverado, quizás necesitábamos aprender una lección valiosa para nuestras vidas, o reconocer que el otro lo ha hecho mejor desde la admiración. ¿No sería también positivo ser un buen perdedor?

Respecto a la humildad, a la que asociamos a personas altruistas que se entregan de manera solidaría, a personas que no presumen de sus logros, etc. Me pregunto: ¿qué pasa con la falsa modestia?, o con las conductas de sumisión y obediencia que algunas religiones asocian con la humildad. ¿No sería mejor enseñar a nuestros hijos a ser más generosos, más solidarios y empáticos?

En cuanto a la confianza, por un lado está la que necesitamos para sentir que tenemos todos los recursos para hacer frente a aquello que queremos abordar; por otro, está la confianza que tenemos hacia las demás personas o situaciones, en este caso, si permanecemos demasiado confiados corremos el riesgo de no estar atentos a los avisos que nos llegan con el objetivo de sentir que nos estamos protegiendo. Quizás esté bien tener un poco de malicia/desconfianza hasta obtener toda la información que necesitamos.

¿Cómo encontrar el punto medio?, esta es la pregunta del millón, por favor, si tú ya la has encontrado, ¡compártela!…

Aristóteles decía: “el valor es un punto entre el exceso y el defecto”.

miércoles, 17 de junio de 2015

El idioma del ALMA... La intención

Cuando hablamos, pensamos o expresamos, es nuestra Intención la que como si de un coctel se tratara, mezcla, junta y sintetiza las palabras que van a salir por la boca, pasando a través de nuestras creencias, experiencias y filtros,  volcando la información contenida en nuestros pensamientos con el objetivo de ser escuchados. Entonces ¿es  importante como se piensa y se habla?, ¿somos lo que pensamos?
 
Todos los que hemos puesto la intención en “darnos cuenta” hemos percibido cambios en nuestras vidas y en nuestro entorno. Hemos adquiriendo consciencia de nuestra existencia,  del  papel que desempeñamos en nuestras vidas y entornos (familiar, trabajo, amistad) y como co-existimos con ellos. Empezamos a darnos cuenta de cómo hacemos las cosas analizando y poniendo nuestra buena intención en el esfuerzo que supone trabajar y conectar con nuestro interior. Por esta razón empezamos a hacernos preguntas diferentes y a cuestionarnos comportamientos personales, parándonos a sopesar el impacto que tienen en nosotros y en nuestro entorno.
 
La toma de consciencia empieza por aprender a cuidar, respetar y amar nuestros cuerpos en global. ¿Pero cómo se cuida y se alimenta el alma? Una posible respuesta sería: Si cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, estaremos trabajando en la frecuencia y vibración adecuada para nuestra alma.
 
Toda realidad comienza con un fugaz pensamiento que nos hace sentir. La palabra es la consecuencia del pensamiento, por lo tanto: ¿Hay que pensar antes de hablar? porque la intención colocada con el pensamiento adecuado y expresado en palabras se convertirá en causa y efecto. El habla no es gratuita, hablamos en respuesta a una necesidad, quizás de manera inconsciente, o incluso a veces, sentimos la necesidad de verbalizarlo para “darnos cuenta de dicha necesidad”.
 
La intención es el objetivo que se persigue cuando: Se habla, se observa, se escribe o se quiere enviar un mensaje. Estamos poniendo el foco en algo concreto, puede ser a través de las palabras, de una mirada, una postura,  un correo electrónico. Sin embargo, un mismo mensaje puede tener más de una intención; la palabra puede que este expresando  algo y nuestro cuerpo no este en sintonía. ¿Cuál será la verdadera intención?  Preguntarse el cómo, cuándo y para qué, serán respuestas importantes en la vida del SER que le ayudarán a definir la verdadera intención del pensamiento y la posterior acción.
 
El espíritu/alma es como una especie de gran sistema, que clasifica, ordena, percibe y siente; por su naturaleza no puede co-existir demasiado tiempo con el  caos, con las emociones tóxicas, la negatividad, el desequilibrio, el desamor, la inestabilidad, etc., revelándose de múltiples maneras. Por este motivo cuando el espíritu comienza a re-programarse, el SER automáticamente también empezará a cambiar, re-conectándose con lo que ya sabe pero ha olvidado. Empezará a no soportar ambientes, películas, mensajes, maneras de ser, personas, lugares, alimentos que sean insanos, mal educados, incorrectos, inadecuados, hirientes, violentos, etc. Por esta razón el pensamiento y el vocabulario del idioma del alma comenzará a modificarse, se volverá más sofisticado; sus pensamientos y palabras serán más ecológicos,  definiendo a ese nuevo SER. A partir de ese momento lo que nos resuene mal y no coincidirá con nuestra vibración será descartado de nuestra vida.
 
Puede suceder que algunos amigos, personas de nuestro entorno, familiares que proyectan en nosotros, que nos utilizan, que nos invaden, o que lejos de no apoyarnos nos desalientan, empiecen a tener mucha menos relevancia en nuestras vidas. Esa conexión con nuestro SER, ese abandono de nuestro EGO en pro de nuestro crecimiento (aunque un poco de ego es bueno para diseñar nuestra estrategia), hará que nuestra intención acaricie suavemente y con ternura nuestra alma,  esa especie de sonrisa que cuando cerramos los ojos nos sale del interior y  nos hace sentirnos tan bien con nosotros mismos.
 
El proceso del “darse cuenta es lento, aunque seguro”. ¿Para quién estás trabajando, para tu ego, o para tu alma?, ¿Cómo la alimentas?, ¿Qué caricias la hacen vibrar?

lunes, 8 de junio de 2015

¿Es lo mismo dolor que sufrimiento?

A veces nos cuesta diferenciarlo. Cuando el dolor es físico nos resulta más fácil detectarlo y describirlo, mientras que cuando hablamos de sufrimiento es algo más psíquico o moral, entrando dentro de la esfera de los sentimientos y emociones. Tanto el uno como el otro actúan en nuestro cuerpo como mecanismos de defensa.

Diferentes estudios realizados sobre el dolor han demostrado que personas inseguras con pensamientos pesimistas tienen menos resistencia al dolor, su umbral es menor que el de una persona que se alimenta con pensamientos esperanzadores. Es por eso que nuestros estados de ánimo tienen mucho que ver con nuestros sufrimientos. Un ejemplo sería una intervención de cirugía estética o un parto, en estos dos casos el umbral del dolor es menor que en otro tipo de cirugías.

La experiencia dolorosa varía dependiendo de múltiples factores: de la personalidad, de las circunstancias socio/culturales, del entorno, de como este nuestra autoestima, etc. No os ha pasado alguna vez que habéis ido al hospital con un dolor muy intenso y ya en la consulta esperando a que os atendieran el dolor milagrosamente había disminuido. O cuando os duele la cabeza y tenéis una reunión con vuestro jefe parece que el dolor se agudiza. El miedo al dolor es uno de los factores que nos genera mucha ansiedad.

¿Por que sufrimos las personas?

Porque nos sentimos no queridos o aceptados por familiares, entorno de trabajo; porque nos sentimos desplazados, no valorados, discriminados o despreciados, por agravio comparativo (padres, hermanos, compañeros de trabajo), por desagradecimiento (la persona no siente reciprocidad, se siente explotado, considera que no hay equilibrio en lo que da y recibe "es injusto"). En todas estas circunstancias la autoestima de la persona cae. El sentimiento de pérdida de algo que tiene valor para la persona causará sufrimiento que fácilmente se puede somatizar (transformar inconscientemente una afección psíquica en orgánica) en el cuerpo en forma de contracturas, dolores de cabeza, de estómago, estrés, depresión, etc.

En otras ocasiones nuestro sufrimiento tiene que ver con la culpa, la vergüenza o el arrepentimiento en relación a los errores, equivocaciones y comportamientos que la persona considera moralmente indignos o están mal vistos en la sociedad en la que vive (el que dirán de mi), la falta de valor de nuestra propia palabra (compromiso), las frustraciones que nos ocasiona no haber hecho realidad nuestros deseos y expectativas.  Es esa coherencia entre lo que digo, pienso y siento

Otra fuente de dolor y sufrimiento esta ocasionada por el  miedo a no sufrir, algunas personas no se lanzan a por lo que desean por miedo a que no funcione (relación de pareja, cambio de trabajo, maternidad. etc.), esa insatisfacción derivada de las necesidades a las que han tenido que renunciar por miedo a sufrir, esa falsa comodidad/egoísmo por temor a que les hagan daño, junto con la inevitable comparación con personas de su alrededor que sí han arriesgado y tienen lo que él/ella tanto anhela, es una causa de frustración y sufrimiento.

Otra distinción del dolor que me gustaría compartir es que el dolor se aprende, "cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar". Si nos han advertido de que algo es peligroso o hemos visto como otra persona cercana ha pasado por un proceso doloroso,  enfermedad, fracaso empresarial, abandono, etc., aprenderemos a temer que nos pueda pasar a nosotros también, aunque directamente no hayamos pasado por la experiencia. 

A lo largo de la vida cierto sufrimiento es inevitable, el secreto es cuánto nos va a durar y cómo nos esta perjudicando nuestra salud. Aquí, una vez más, estamos entrando en el "darnos cuenta", solo desde esa toma de consciencia podremos acabar con ello y aceptar aquello que nos pase, tomando nuestras propias decisiones y seguir adelante con ese aprendizaje. Te invito a que te preguntes ¿que puedo hacer con ese torrente de energía mal canalizada?, ¿crees que puedes transformarla en algo positivo?, ¿cómo sería tu vida sin dolor ni sufrimiento?

Puedes estar pensando que es una tarea muy difícil, quizás en este momento algo te está haciendo sufrir. Te invito a que te pares y explores en tu interior. Que resistencias tienes que vencer y cómo lo vas a conseguir será tu reto personal. Déjate ayudar, ¿que tal si pierdes el miedo ha hablar de ello?

SI a vivir, sentir, amar recordar, a tener esos momentos de soltar, llorar, reflexionar, perdonar... NO al masoquismo.

Aristóteles dijo: "El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal".