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miércoles, 17 de junio de 2015

El idioma del ALMA... La intención

Cuando hablamos, pensamos o expresamos, es nuestra Intención la que como si de un coctel se tratara, mezcla, junta y sintetiza las palabras que van a salir por la boca, pasando a través de nuestras creencias, experiencias y filtros,  volcando la información contenida en nuestros pensamientos con el objetivo de ser escuchados. Entonces ¿es  importante como se piensa y se habla?, ¿somos lo que pensamos?
 
Todos los que hemos puesto la intención en “darnos cuenta” hemos percibido cambios en nuestras vidas y en nuestro entorno. Hemos adquiriendo consciencia de nuestra existencia,  del  papel que desempeñamos en nuestras vidas y entornos (familiar, trabajo, amistad) y como co-existimos con ellos. Empezamos a darnos cuenta de cómo hacemos las cosas analizando y poniendo nuestra buena intención en el esfuerzo que supone trabajar y conectar con nuestro interior. Por esta razón empezamos a hacernos preguntas diferentes y a cuestionarnos comportamientos personales, parándonos a sopesar el impacto que tienen en nosotros y en nuestro entorno.
 
La toma de consciencia empieza por aprender a cuidar, respetar y amar nuestros cuerpos en global. ¿Pero cómo se cuida y se alimenta el alma? Una posible respuesta sería: Si cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, estaremos trabajando en la frecuencia y vibración adecuada para nuestra alma.
 
Toda realidad comienza con un fugaz pensamiento que nos hace sentir. La palabra es la consecuencia del pensamiento, por lo tanto: ¿Hay que pensar antes de hablar? porque la intención colocada con el pensamiento adecuado y expresado en palabras se convertirá en causa y efecto. El habla no es gratuita, hablamos en respuesta a una necesidad, quizás de manera inconsciente, o incluso a veces, sentimos la necesidad de verbalizarlo para “darnos cuenta de dicha necesidad”.
 
La intención es el objetivo que se persigue cuando: Se habla, se observa, se escribe o se quiere enviar un mensaje. Estamos poniendo el foco en algo concreto, puede ser a través de las palabras, de una mirada, una postura,  un correo electrónico. Sin embargo, un mismo mensaje puede tener más de una intención; la palabra puede que este expresando  algo y nuestro cuerpo no este en sintonía. ¿Cuál será la verdadera intención?  Preguntarse el cómo, cuándo y para qué, serán respuestas importantes en la vida del SER que le ayudarán a definir la verdadera intención del pensamiento y la posterior acción.
 
El espíritu/alma es como una especie de gran sistema, que clasifica, ordena, percibe y siente; por su naturaleza no puede co-existir demasiado tiempo con el  caos, con las emociones tóxicas, la negatividad, el desequilibrio, el desamor, la inestabilidad, etc., revelándose de múltiples maneras. Por este motivo cuando el espíritu comienza a re-programarse, el SER automáticamente también empezará a cambiar, re-conectándose con lo que ya sabe pero ha olvidado. Empezará a no soportar ambientes, películas, mensajes, maneras de ser, personas, lugares, alimentos que sean insanos, mal educados, incorrectos, inadecuados, hirientes, violentos, etc. Por esta razón el pensamiento y el vocabulario del idioma del alma comenzará a modificarse, se volverá más sofisticado; sus pensamientos y palabras serán más ecológicos,  definiendo a ese nuevo SER. A partir de ese momento lo que nos resuene mal y no coincidirá con nuestra vibración será descartado de nuestra vida.
 
Puede suceder que algunos amigos, personas de nuestro entorno, familiares que proyectan en nosotros, que nos utilizan, que nos invaden, o que lejos de no apoyarnos nos desalientan, empiecen a tener mucha menos relevancia en nuestras vidas. Esa conexión con nuestro SER, ese abandono de nuestro EGO en pro de nuestro crecimiento (aunque un poco de ego es bueno para diseñar nuestra estrategia), hará que nuestra intención acaricie suavemente y con ternura nuestra alma,  esa especie de sonrisa que cuando cerramos los ojos nos sale del interior y  nos hace sentirnos tan bien con nosotros mismos.
 
El proceso del “darse cuenta es lento, aunque seguro”. ¿Para quién estás trabajando, para tu ego, o para tu alma?, ¿Cómo la alimentas?, ¿Qué caricias la hacen vibrar?

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