Todos los que hemos puesto la intención en “darnos cuenta” hemos percibido cambios en nuestras
vidas y en nuestro entorno. Hemos adquiriendo consciencia de nuestra
existencia, del papel que desempeñamos en nuestras vidas y
entornos (familiar, trabajo, amistad) y como co-existimos con ellos. Empezamos
a darnos cuenta de cómo hacemos las cosas analizando y poniendo nuestra buena
intención en el esfuerzo que supone trabajar y conectar con nuestro interior. Por
esta razón empezamos a hacernos preguntas diferentes y a cuestionarnos
comportamientos personales, parándonos a sopesar el impacto que tienen en
nosotros y en nuestro entorno.
La toma de consciencia empieza por aprender a cuidar,
respetar y amar nuestros cuerpos en global. ¿Pero cómo se cuida y se alimenta
el alma? Una posible respuesta sería: Si cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente,
estaremos trabajando en la frecuencia y vibración adecuada para nuestra alma.
Toda realidad comienza con un fugaz pensamiento que
nos hace sentir. La palabra es la consecuencia del pensamiento, por lo tanto: ¿Hay
que pensar antes de hablar? porque la intención colocada con el pensamiento adecuado y expresado en palabras se convertirá en causa y
efecto. El habla no es gratuita, hablamos en respuesta a una necesidad, quizás
de manera inconsciente, o incluso a veces, sentimos la necesidad de
verbalizarlo para “darnos cuenta de dicha necesidad”.
La intención es el objetivo que se persigue cuando: Se
habla, se observa, se escribe o se quiere enviar un
mensaje. Estamos poniendo el foco en algo concreto,
puede ser a través de las palabras, de una mirada, una postura, un
correo electrónico. Sin embargo, un mismo mensaje puede tener más de una
intención; la palabra puede que este expresando algo y nuestro cuerpo no este en
sintonía. ¿Cuál será la verdadera intención? Preguntarse el cómo, cuándo y para qué, serán
respuestas importantes en la vida del SER que le ayudarán a definir la
verdadera intención del pensamiento y la posterior acción.
El espíritu/alma es como una especie de gran sistema, que
clasifica, ordena, percibe y siente; por su naturaleza no puede co-existir demasiado
tiempo con el caos, con las emociones
tóxicas, la negatividad, el desequilibrio, el desamor, la
inestabilidad, etc., revelándose de múltiples maneras. Por este motivo cuando
el espíritu comienza a re-programarse, el SER automáticamente también empezará
a cambiar, re-conectándose con lo que ya sabe pero ha olvidado. Empezará a no
soportar ambientes, películas, mensajes, maneras de ser, personas,
lugares, alimentos que sean insanos, mal educados, incorrectos, inadecuados,
hirientes, violentos, etc. Por esta razón el pensamiento y el vocabulario del idioma del alma comenzará a modificarse,
se volverá más sofisticado; sus pensamientos y palabras serán más ecológicos, definiendo a ese nuevo SER. A partir de ese
momento lo que nos resuene mal y no coincidirá con nuestra vibración será descartado
de nuestra vida.
Puede suceder que algunos amigos, personas de nuestro
entorno, familiares que proyectan en nosotros, que nos utilizan, que nos
invaden, o que lejos de no apoyarnos nos desalientan, empiecen a tener mucha
menos relevancia en nuestras vidas. Esa conexión con nuestro SER, ese abandono
de nuestro EGO en pro de nuestro crecimiento (aunque un poco de ego es bueno
para diseñar nuestra estrategia), hará que nuestra intención acaricie
suavemente y con ternura nuestra alma, esa especie de sonrisa que cuando
cerramos los ojos nos sale del interior y nos hace sentirnos tan bien con
nosotros mismos.
El
proceso del “darse cuenta es lento, aunque seguro”. ¿Para quién estás trabajando,
para tu ego, o para tu alma?, ¿Cómo la alimentas?, ¿Qué caricias la hacen
vibrar?
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