Traduce el Blog

miércoles, 12 de agosto de 2015

El negocio de ser felices

Me interesa mucho todo lo relacionado con la felicidad, bueno ¿a quién no?

¿Que nos hace felices a los seres humanos?, de acuerdo a los estándares de nuestra sociedad, en la que vivimos, con lo que nos rodea, con nuestro entorno, (no podemos olvidar que somos seres sociales).

Nos hace feliz: nuestra vida social, familia, amigos (la vida es mucho más plena si no nos sentimos solos, a no ser que sea lo que hemos elegido). El optimismo, la gratitud y el perdón también nos llevarán a ser un poco más felices. Disfrutar de las cosas que nos gustan mucho. Gustarse y tratarse bien. El dinero. La libertad para escoger, aunque si tenemos demasiadas cosas para elegir, decidirnos nos puede producir presión o bloqueo. Relajarse, si buscas algo desesperadamente no lo encontraras, y si lo encuentras ¿Cómo sería encontrar algo desde la desesperación?, ¿nos gustaría lo que encontrásemos?

En este punto me pregunto ¿cómo nos construimos cada día nuestra felicidad?

Me gusta mucho el término “fluir”, pero ¿qué significa esto?

Ya hace referencia a esta palabra  Lao-Tsé en su libro Tao Te Ching (bases de la filosofía taoísta), hace 2.500 años. Uno de los aspectos en los que más insiste el taoísmo es, que la vida para ser plena, debe ser fluida, “fácil, espontánea, natural, sencilla”. Curiosamente a nosotros nos han enseñado todo lo contario, que la vida es dura, que es una lucha, que hay que sacrificarse, que es nuestra obligación, "si no te gusta, te aguantas".

El profesor de psicología en la Universidad de Claremont (California) Mihály Csikszentmihalyi  describe "fluir" como: el hecho de sentirse completamente comprometido con la actividad por sí misma. Es algo que todos hemos percibido más de una vez, y se caracteriza por una sensación de gran libertad, gozo, compromiso y habilidad. Es esa capacidad que concentra la energía psíquica y la atención en planes y objetivos que sean de nuestra elección, disfrutando cada momento.

Tendemos a asociar la felicidad con el placer, (una comida rica, algo bonito que nos compramos, el sexo), sobre todo, en nuestro tiempo libre fuera del trabajo. Pero si pensamos que las cosas que nos dan placer/hacen felices están fuera del trabajo, teniendo en cuenta que la mayoría del tiempo lo pasamos trabajando, ¡que horror! la franja en la que nos encontramos felices es muy pequeña.

El problema para algunas personas es que cuando no están trabajando no saben qué hacer con su tiempo libre y se sienten infelices, aburridos, solos, etc. Sin ambargo cuando están en el trabajo  tienen objetivos claros, sienten que tienen las herramientas para llevarlos a cabo y el feedback de cómo lo están haciendo (jefe, compañeros), se les tiene en cuenta, se les reconoce, controlan la situación, sienten que hay equilibrio, la persona fluye. Por el contrario, hay personas que en sus trabajos no se sienten felices, pero si en su tiempo libre y en sus relaciones. ¿Qué está fallando? Puede que tengamos que empezar a amar aquello que no nos gusta, a aceptarlo, cambiando la actitud de queja que tenemos sobre ello, o aprender a ser felices sin tanta exigencia, perfeccionismo, expectativas, sin poner tanto foco en el otro y más en nosotros mismos, ¿sería así más fácil que fluyésemos en nuestras vidas?

Creo que la felicidad no viene sola, nosotros tenemos que poner algo, desarrollar nuestras capacidades (empatía, escucha, comprensión, paciencia). Hay que invertir para ser felices (tiempo, energía positiva, cambio de actitudes).

Por todo lo anterior, y porque la palabra felicidad está llena de connotaciones personales y sociales, me gusta mucho más el término “estar bien conmigo misma” que “ser feliz”. Yo fluyo cuando siento que no hay tensión, lucha, que estoy  siendo coherente con lo que siento, pienso y hago. Esto me lleva a pensar que la felicidad es una construcción que cada uno de nosotros decidimos construir cada día, en el aquí y el ahora, disfrutando cada momento de lo que estoy haciendo: tomando una taza de café, leyendo, charlando con una amig@, cocinando… Al cerrar el día, doy las gracias por todo lo maravilloso que me ha pasado, he sentido, he disfrutado. Así es mi fluir, me lo permito.  

¿Tú como fluyes?

viernes, 7 de agosto de 2015

Tacto y emoción, roces, ternura...

Últimamente he estado leyendo sobre la comunicación no verbal y me parece increible como el cuerpo habla a través de sus sentidos, en esta ocasión quiero pararme en el sentido del tacto y la importancia que tiene para los seres humanos.

El tacto posee una clase especial de proximidad, puesto que cuando una persona toca a otra la experiencia es mutua, tomando una inmediata toma de conciencia de ambas partes. Cuando tocamos o somos tocados, el mensaje que estamos transmitiendo es: me importas, estoy contigo. La unión de dos pieles supone erradicar la soledad, tanto el acariciador como el acariciado están en comunicación. El simple hecho de coger la mano a alguien produce un estado de seguridad y equilibrio tanto físico como espiritual (abrazo-terapia).

El tacto se diferencia de otros sentidos porque siempre implica presencia y al mismo tiempo es inseparable del cuerpo que tocamos. Lo que experimentamos a través del tacto y la piel es mucho mayor de lo que nos pensamos; prueba de ello es que en nuestro cerebro las áreas táctiles tienen un sorprendente tamaño, la sensorial, motora, los labios, el dedo índice y el pulgar ocupan una parte desproporcionada del espacio cerebral.

La piel es el órgano más extenso del cuerpo, es la envoltura que contiene el organismo humano y nos permite estar en contacto directo con el mundo exterior a través de él. Es posiblemente el más primitivo de los sentidos. Ya cuando un embrión tiene ocho semanas y mide unos tres centímetros responde al estímulo del tacto.
Hay muchos estudios que afirman que la falta de tacto corporal causa transtornos emocionales. Y se ha demostrado en animales y humanos que las caricias mejoran el sistema inmune, facilitando el aprendizaje.

Cuando una mujer esta apunto de dar a luz, las contracciones del útero estimulan la piel fetal. Cuando el niño nace el primer contacto que tiene con la madre es a través del tacto. El niño que no es estimulado de manera adecuada cutaneamente sufre un fallo en su desarrollo, teniendo una errónea  experiencia del amor. Si no le han enseñado a acariciar, a abrazar, a reconfortar, a hablar con dulzura, nunca lo podrá transmitir. Esto puede ocasionar en la persona que no se implique en sus relaciones, que no tenga interés ni se responsabilice, que no sea empático, que no tenga consciencia de sus necesidades, ni de las del otro, esa falta de sensibilidad le hará sentirse muy vulnerable.

En algunas sociedades esta muy mal visto que la gente se toque, es como una invasión a su persona. También en algunas religiones (prejuicios morales). No se trata de ir tocando a todo el mundo todo el tiempo, si no cuando sientas que puedes expresarte así y que el otro lo va a acoger como una muestra me cariño.

Está claro que dependiendo del resultado del tacto tendremos una respuesta emocional distinta que provocará una emoción determinada. Si te apetece experimentar vendate los ojos y prueba a tocar y sentir... ¡experimenta!

Si no te gusta tocar o que te toquen, para y mira ¿qué te lo está impidiendo?, ¿a qué te estas negando?

"El amor se aprende a través de la piel".

miércoles, 5 de agosto de 2015

Nuestros mostruítos... ¿quieres conocerlos?


Cuando somos capaces de desarrollar una autoestima saludable, nuestros monstruítos se hacen más pequeños.

Tenemos unos cuantos:

El monstruíto protector de fracasos:

Se comunicará con nosotros diciéndonos:
  • Cuidado, no te va a salir bien, mira que te complicas la vida, ¿para qué?
  • Ni lo intentes, con lo bien que vives
  • Tú no estas hecho para eso, no te veo haciéndolo
  • No te lo mereces, no te has esforzado lo suficiente, no aprobarás
Este monstruíto es muy limitador, hace que dudes de ti y de tus capacidades.

El monstruíto protector de las frustraciones:

Aparece cuando nos decimos frases como:
  • Eres un iluso, no te creas nada
  • Tu te creías que ibas a poder hacerlo, pero ya te lo avise
  • Ya te lo decía tu madre, eres incapaz, “zapatero a sus zapatos”
  • No te hagas ilusiones, mira que si luego no te sale bien...
La frustración nos hace sentir muy vulnerables, siempre surge cuando algo nos ha ilusionado y luego no resulta, por lo menos en la forma en la que nos lo habíamos imaginado. Aceptar que las cosas no siempre responden a nuestras expectativas es plantarle cara a este monstruo, si no, en futuras ocasiones preferiremos no ilusionarnos para no caernos y nos estaremos cerrando a nuevas oportunidades.

El monstruíto mantenedor de la moral:

Este es estupendo, nunca pone el foco en nosotros:
  • Ya sabes que él es un egoísta, ¿qué te esperabas?
  • Bueno él se lo pierde, no va a encontrar a nadie como tú
  • No merecía la pena, has hecho bien…
Con este no nos responsabilizamos, le cargamos el muerto al otro.

El monstruíto que nos azuza:

Este nos anima a la acción:
  • Eres un vago, un perezoso, siempre igual, tienes que salir …
  • Tenías que haber hecho, venga ponte las pilas…
  • No tienes fuerza de voluntad, eres lo peor, así no lo vas a conseguir
  • Cualquier otro lo haría mejor, muévete
  • Tienes que hacer, tienes que ir y decirle…
Este es muy mandón, le encanta decirnos lo que tenemos que hacer “deberías/tienes”, nos pincha para que reaccionemos, también nos da las soluciones.

El monstruíto de las sensaciones amenazantes:

Esta muy relacionado con los sentimientos, aparece cuando nos decimos:
  • La culpa es tuya por…
  • No debes enfadarte no merece la pena, no es bueno para ti
  • No hay razón para sentirse como te estas sintiendo, cuidado, ¡para ya!
  • Es de egoístas sentirse mal por esta tontería
  • Si no hubieses dicho… hecho…,  ahora corre con las consecuencias
La culpa y la vergüenza bienvenidas sean si nos hacen rectificar, darnos cuanta del error, ser más justos y sobre todo, aprender la lección.

Imagínate que te ha pasado algo con alguien, pero no entiendes la reacción del otro tomándotelo de manera personal, te sientes amenazado o se ha cometido una injusticia contigo y no sabes que hacer con los sentimientos y emociones que te invaden. La critica en ese momento de “no entender nada” nos proporciona sensación de control. Luego cuando la emoción este más bajita podemos gestionarla mejor.

¿Cómo controlar a estos monstruítos y conseguir que no sean tan tóxicos? En mi humilde opinión, dándonos mucho amor, ternura, mejorando nuestra auto-comunicación y nuestros pensamientos. Desde ahí encontraremos “mecanismos sustitutivos” que nos ayuden a retroalimentarnos de conversaciones internas más amorosas/ecológicas. Por ejemplo:
  • Crítico: No podrás, no tienes la suficiente experiencia – Crítico amoroso: Si puedo, quizás en este momento no, pero voy a estudiar y practicar, al año siguiente seguro tendré los conocimientos y experiencia para el ascenso.
  • Crítico: Eres un orgulloso – Crítico amoroso: Necesito tomarme un tiempo para reflexionar que me ha pasado, cuando lo tenga claro podré mantener una conversación con el/ella y expresar lo que he sentido.
  • Crítico: Si ya lo decía tu madre, no sirves para… - Crítico amoroso: Es solo su opinión, si yo quiero lo voy a conseguir, solo tengo que trabajar para ello.
Todos tenemos un maravilloso potencial de auto critica positiva, ¡vamos a ponerlo en práctica y a hacer de ello un hábito¡ Si aprendemos a auto-criticarnos de manera saludable los resultados merecerán la pena  ¡os lo aseguro!

La crítica insana es un lenguaje que genera mundos interpretativos desde:

La exigencia, “hazlo… aunque estés cansado”, “me da igual, aunque no te apetezca”, “es tu obligación”.
Generalizando, siempre te pasa igual, eres un desastre/un despistado/un inútil”.
Etiquetando, “eres tonto, eres egoísta, eres vago”.
Magnificando, “lo ves,  nunca lo conseguirás, siempre te pasa igual”.
Siendo catastrofista, “nadie te va a querer con esa pinta”, “tal y como vistes nadie te tomará en serio”, “si no adelgazas nadie te va a querer”, “si no lo haces bien te despedirán”.
Sentenciando, el juez: “ya te lo dije”, “así te va”, “no me hiciste caso y te volvió a pasar, ¡no será porque no te avisé!".
Dando demasiada importancia al criterio externo: “que va a pensar la gente de ti”, ”la gente dirá que eres un…”.

Todo lo anterior, dicho de manera asertiva y empática es sano, no olvidemos que nuestro crítico esta hay para ayudarnos a prevenir situaciones dolorosas,  protegernos y motivarnos para el cambio.

¿Para qué nos sirven estos monstruos?
  1. Para nuestra supervivencia (adaptación al medio, auto-conocimiento, auto-aceptación).
  2. Para aprender, “la próxima vez lo haré mejor”, no somos perfectos.
¿Os sentís identificados con alguno de ellos?, ¿con cual?
¿Cual crees que te puede ayudar más?
¿Cuál es el que más te daña?

¿Qué herramientas (actitudes, pensamientos, acciones) necesitas para que sean tus mejores amigos?