Cuando
somos capaces de desarrollar una autoestima saludable, nuestros monstruítos se hacen más pequeños.
Tenemos unos cuantos:
El monstruíto protector de fracasos:
Se
comunicará con nosotros diciéndonos:
- Cuidado, no te va a salir bien, mira que te complicas la vida, ¿para qué?
- Ni lo intentes, con lo bien que vives
- Tú no estas hecho para eso, no te veo haciéndolo
- No te lo mereces, no te has esforzado lo suficiente, no aprobarás
Este
monstruíto es muy limitador, hace que dudes de ti y de tus capacidades.
El monstruíto protector de las
frustraciones:
Aparece
cuando nos decimos frases como:
- Eres un iluso, no te creas nada
- Tu te creías que ibas a poder hacerlo, pero ya te lo avise
- Ya te lo decía tu madre, eres incapaz, “zapatero a sus zapatos”
- No te hagas ilusiones, mira que si luego no te sale bien...
La frustración nos hace sentir muy vulnerables, siempre surge
cuando algo nos ha ilusionado y luego no resulta, por lo menos en la forma en
la que nos lo habíamos imaginado. Aceptar que las cosas no siempre responden a
nuestras expectativas es plantarle cara a este monstruo, si no, en futuras
ocasiones preferiremos no ilusionarnos para no caernos y nos
estaremos cerrando a nuevas oportunidades.
El
monstruíto mantenedor de la moral:
Este
es estupendo, nunca pone el foco en nosotros:
- Ya sabes que él es un egoísta, ¿qué te esperabas?
- Bueno él se lo pierde, no va a encontrar a nadie como tú
- No merecía la pena, has hecho bien…
El monstruíto que nos azuza:
Este nos
anima a la acción:
- Eres un vago, un perezoso, siempre igual, tienes que salir …
- Tenías que haber hecho, venga ponte las pilas…
- No tienes fuerza de voluntad, eres lo peor, así no lo vas a conseguir
- Cualquier otro lo haría mejor, muévete
- Tienes que hacer, tienes que ir y decirle…
Este
es muy mandón, le encanta decirnos lo que tenemos que hacer “deberías/tienes”, nos pincha para que reaccionemos, también nos da las soluciones.
El
monstruíto de las sensaciones
amenazantes:
Esta
muy relacionado con los sentimientos, aparece cuando nos
decimos:
- La culpa es tuya por…
- No debes enfadarte no merece la pena, no es bueno para ti
- No hay razón para sentirse como te estas sintiendo, cuidado, ¡para ya!
- Es de egoístas sentirse mal por esta tontería
- Si no hubieses dicho… hecho…, ahora corre con las consecuencias
La
culpa y la vergüenza bienvenidas sean si nos hacen rectificar, darnos cuanta
del error, ser más justos y sobre todo, aprender la lección.
Imagínate
que te ha pasado algo con alguien, pero no entiendes la reacción del otro tomándotelo
de manera personal, te sientes amenazado o se ha cometido una injusticia
contigo y no sabes que hacer con los sentimientos y emociones que te invaden. La
critica en ese momento de “no entender nada” nos proporciona sensación de control. Luego cuando la emoción este más bajita podemos gestionarla mejor.
¿Cómo
controlar a estos monstruítos y conseguir que no sean tan tóxicos? En mi
humilde opinión, dándonos mucho amor, ternura, mejorando nuestra
auto-comunicación y nuestros pensamientos. Desde ahí encontraremos “mecanismos
sustitutivos” que nos ayuden a retroalimentarnos de conversaciones internas más
amorosas/ecológicas. Por ejemplo:
- Crítico: No podrás, no tienes la suficiente experiencia – Crítico amoroso: Si puedo, quizás en este momento no, pero voy a estudiar y practicar, al año siguiente seguro tendré los conocimientos y experiencia para el ascenso.
- Crítico: Eres un orgulloso – Crítico amoroso: Necesito tomarme un tiempo para reflexionar que me ha pasado, cuando lo tenga claro podré mantener una conversación con el/ella y expresar lo que he sentido.
- Crítico: Si ya lo decía tu madre, no sirves para… - Crítico amoroso: Es solo su opinión, si yo quiero lo voy a conseguir, solo tengo que trabajar para ello.
Todos
tenemos un maravilloso potencial de auto critica positiva, ¡vamos a ponerlo en
práctica y a hacer de ello un hábito¡ Si aprendemos a auto-criticarnos de
manera saludable los resultados merecerán la pena ¡os lo aseguro!
La
crítica insana es un lenguaje que genera mundos interpretativos desde:
La exigencia, “hazlo… aunque estés cansado”, “me da igual, aunque no te apetezca”, “es tu obligación”.
Generalizando, “siempre te pasa igual, eres un desastre/un despistado/un inútil”.
Etiquetando, “eres tonto, eres egoísta, eres vago”.
Magnificando, “lo ves, nunca lo conseguirás, siempre te pasa igual”.
Siendo catastrofista, “nadie te va a querer con esa pinta”, “tal y como vistes nadie te tomará en serio”, “si no adelgazas nadie te va a querer”, “si no lo haces bien te despedirán”.
Sentenciando, el juez: “ya te lo dije”, “así te va”, “no me hiciste caso y te volvió a pasar, ¡no será porque no te avisé!".
Dando demasiada importancia al criterio externo: “que va a pensar la gente de ti”, ”la gente dirá que eres un…”.
Todo
lo anterior, dicho de manera asertiva y empática es sano, no olvidemos que
nuestro crítico esta hay para ayudarnos a prevenir situaciones dolorosas, protegernos y motivarnos
para el cambio.
¿Para
qué nos sirven estos monstruos?
- Para nuestra supervivencia (adaptación al medio, auto-conocimiento, auto-aceptación).
- Para aprender, “la próxima vez lo haré mejor”, no somos perfectos.
¿Os
sentís identificados con alguno de ellos?, ¿con cual?
¿Cual
crees que te puede ayudar más?
¿Cuál
es el que más te daña?
¿Qué
herramientas (actitudes, pensamientos, acciones) necesitas para que sean tus mejores amigos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario